Cómo desarrollar tu liderazgo

Cómo desarrollar tu liderazgo

Cabe decir que en liderazgo es en sí mismo un concepto multifacético y bastante complejo de definir. Haciendo una rápida búsqueda en Google podemos ver que existen multitud de definiciones de liderazgo. En palabras de Xavi Roca, uno de mis profesores cuando cursé Administración y Dirección de Empresas, el liderazgo es un concepto elusivo. Es decir, algo esquivo, de difícil determinación e incluye muchos matices. Sin embargo, hay un elemento en el que académicos, autores y estudiosos del tema parecen están bastante de acuerdo, el concepto de liderazgo supone la existencia de algún tipo de relación o relaciones de influencia.

El liderazgo además, es un concepto muy mitificado y es importante explicar que nada tiene que ver con otros conceptos con el que a menudo se le asocian, como pueden ser la autoridad, el status, la posición organizacional, social o política, ni tampoco va ligado a los títulos que uno posee, etc. Entonces y a partir de esta definición, en mi opinión es difícil hablar de líderes como tal, sino deberíamos hablar de personas que, en una situación episódica (espacio-tiempo específico) “ejercen” liderazgo, aún si dicha situación se alarga en el tiempo. Por decirlo de alguna manera, el liderazgo tiene mucho más que ver con cómo estamos y no tanto en cómo somos.

Esta idea nos conduce directamente a la teoría desarrollada por Richard Boyatzis, catedrático de Comportamiento Organizacional en la Universidad Case Western Reserve (USA) y uno de los principales investigadores en el tema. La influencia “ejercida” a través de lo que el autor llama “liderazgo efectivo”, tiene siempre un gran concepto emocional, es decir, dicha influencia nunca es coercitiva, ni fruto de la autoridad o la amenaza, y tampoco procede de elementos racionales, por muy buenos que sean los argumentos. La influencia del liderazgo efectivo es ejercida mediante la gestión de las emociones y la inspiración de sentimientos. Es fruto de la persuasión emocional.

Así, el desarrollo del liderazgo pasará necesariamente por 1) Desarrollar mi propia consciencia y autoconocimiento y 2) Aprender a gestionar y autorregular mis propias emociones y sentimientos, para así situarme en posición de poder “ejercer” el liderazgo. Bien mirado, esta es una buena definición de auto-liderazgo. Poner el foco en el desarrollo introspectivo resulta indispensable para a su vez, desarrollar el propio liderazgo interno. En palabras de Stephen Covey, “no se puede tener éxito con otras personas mientras no se pague el precio del éxito con uno mismo. Y ahí es donde radica el éxito de un líder: en el descubrimiento de su líder interior; de aquello que le moviliza, sus valores, sus creencias…, aquello que le lleva a pasar a la acción.”

Si hablamos de liderar hacía fuera, será imprescindible mejorar mi conciencia perceptiva, es decir, 3) Aprender a captar el estado emocional de las personas de mi entorno, y 4) Mejorar las habilidades sociales para inspirar cambios en los demás.

En realidad, los 4 puntos anteriores forman la descripción teórica de la conocida Inteligencia Emocional, popularizada por el psicólogo, periodista y escritor Daniel Goleman. Si bien, para ser llevada a la práctica, necesitamos un último componente: 5) la Reflexión. Solo así, dándole utilidad práctica, convertimos la Inteligencia Emocional en Liderazgo Efectivo. Autores americanos han convenido en usar la palabra mindfulness para describir dicho proceso reflexivo, el cual definen como un profundo desarrollo de la conciencia.

En el momento social y laboral actual, en el que la precarización, la inestabilidad y los cambios radicales se precipitan con importante impacto en el campo personal, es mucho más difícil mantener el “estar”. Los cambios han devenido una constante amenaza personal y en consecuencia, a mi humilde entender, el desarrollo del (auto) liderazgo y de la autoconfianza ha dejado de ser un deseo ligado a la prosperidad y el crecimiento personal. El desarrollo del liderazgo se ha convertido en una necesidad casi vital para mantener nuestra salud emocional. Como escribía en uno de sus últimos artículos Francisco Alcaide, uno de mis autores favoritos, “No busques seguridad, aumenta la confianza en ti mismo” y tiene razón, básicamente porque la seguridad, hoy más que nunca es una utopía.

Reflexiones sobre orientación profesional y el éxito personal

Reflexiones sobre orientación profesional y el éxito personal

Hace unos pocos días, participé como invitado en las Jornades d’Orientació Professional d’ADE, celebradas en la Universitat de Lleida; la que fue mi casa durante 5 años y a la que sigo muy vinculado.

Desde la Facultad, me invitaron junto a un par de mis antiguos compañeros, hoy amigos míos, a hablar sobre las vicisitudes de mi trayectoria profesional. La verdad, fue toda una sorpresa recibir el correo de la Profesora Anna Vendrell con su invitación y por un momento, me planteé si era apropiado participar en dicha jornada. No me considero un ejemplo de nada y de hecho, mi vida está llena de éxitos y fracasos por igual. Me parece que he sido ascendido tantas veces como he sido invitado a dejar una empresa.

Asimismo, mi duda duró solo un momento. Pronto reflexioné y me di cuenta de todo lo que he aprendido durante mis 15 años de carrera, así como de las numerosas historias, algunas un tanto surrealistas, que he vivido. En cualquier caso, en mi publicación de hoy, quería hablar directamente sobre los aprendizajes o consejos (aunque no me gusta mucho esa palabra) que intenté transmitir durante mi exposición a los alumnos de último año del Grado. Más allá del hacer hincapié en la importancia de dominar el inglés (imprescindible) y de recordarles que la formación es algo que nunca termina (lifelong practice, como dicen en Estados Unidos), les hablé sobre algunas otras cosas que nada tienen que ver con las habilidades técnicas y los conocimientos.

Lo primero y más importante en la vida es conocerse a uno mismo. Si no sabemos lo que queremos, es imposible ser felices. Si no conocemos nuestras pasiones y sueños, no podemos dedicarnos a ellos. Bronnie Ware lo menciona en su libro «Los cinco mandamientos para tener una vida plena». Esta autora australiana, antigua enfermera de cuidados paliativos, recopiló los cinco arrepentimientos más comunes de las personas con enfermedades terminales. El primer remordimiento y el más común es el de no haber perseguido los propios sueños. La mayoría de las personas se arrepienten pues de no haber tomado más riesgos. A menudo, la sociedad nos empuja hacia ciertas carreras y caminos laborales y de vida, y esencial tomar el control y dedicarnos a aquello que realmente nos apasiona. Al perseguir nuestras pasiones, es más probable que seamos felices, que tengamos éxito en aquello que hacemos y que verdaderamente podamos cosechar de una vida rica y plena.

Lo segundo es desmitificar tanto el fracaso como el éxito. Vivimos en modo supervivencia, con demasiado miedo a perder la mínima estabilidad que tenemos en empleos precarios y, a menudo, bajo la autoridad de jefes autoritarios o mucho más centrados en su propio éxito que en el desarrollo de sus empleados. Como resultado, reaccionamos exageradamente ante los pequeños obstáculos de la vida y engrandecemos las victorias artificiales, cuando no, únicamente materialistas. Dejar de tener miedo y liberarse de las creencias limitantes es un trabajo arduo. Desarrollar la autoconfianza y enfrentarse al ego, algo con el que tanto tiempo nos llevamos identificando, requiere de un aumento considerable de la autoconciencia y la valentía. Sin embargo, ese es el único camino hacia el verdadero éxito, el de la paz interior y el amor propio. Eso es el éxito: confiar en uno mismo y asumir la responsabilidad de nuestras propias decisiones y acciones. El éxito es tomar el control de nuestra propia vida y no dar importancia a lo que los demás digan. Como dijo Churchill, «el éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal. Lo que cuenta es el coraje».

Y por último, intenté transmitirles a los estudiantes la importancia de aceptar la realidad para poder cambiarla. No luchar contra ella, ni contra lo que se siente, ni contra lo que se sucede. Luchar contra la realidad es algo que hacemos sin darnos cuenta y a menudo eso conlleva mucho sufrimiento. Así, cuando antes somos capaces de aceptar la realidad, antes podremos usar nuestro poder individual para CREAR. La vida es como una partida de cartas, las cuales se reparten constantemente y nuestro poder radica en jugarlas de la forma más sabia y hábil posible. Después de todo, si estás leyendo este texto en internet, tus problemas pueden ser más o menos importantes, pero son problemas del primer mundo. Así que mi recomendación es que, como dice el refrán popular, si la vida te da limones, haz limonada, o como dice Fernando Vega de Seoane: «pide sal y tequila».

Fortalezas, el pilar angular de tu desarrollo personal

Fortalezas, el pilar angular de tu desarrollo personal

Ojalá hubiéramos tenido todo este conocimiento cuando con tanta buena voluntad, nuestros padres y profesores nos ponían deberes extra y nos apuntaban a repasos para mejorar en aquellas asignaturas que se nos daban peor. Desgraciadamente, algunos profesores, y también muchos de nuestros empresarios continúan haciéndolo, siguen poniendo sus esfuerzos en mejorar las debilidades de nuestros alumnos y empleados, con el objetivo de que consigan el nivel mínimo necesario, aún, si ese conocimiento o habilidad en cuestión, no es imprescindible para conseguir sus metas académicas o empresariales.

El foco pues, debería estar puesto en potenciar al máximo las fortalezas y talentos de aquellos a quienes educamos, y de las personas con las que trabajamos o colaboramos. Así lo manifiestan múltiples estudios de rendimiento académico y productividad empresarial. Según Gallup, la consultora estadounidense de liderazgo y RRHH, focalizarse en desarrollar las fortalezas de nuestros empleados aporta grandes beneficios para empleadores y empleados. Los estudios ponen de manifiesto incrementos de entre el 7% y el 23% en el compromiso de los trabajadores (una variable clave en cuestiones de rendimiento), entre un 8% y un 18% de aumento de la productividad empresarial, y ni más ni menos que entre un 20% y un 73% de reducción de los conflictos laborales.

Sin duda, el desuso continuado de nuestros talentos y fortalezas, conduce a un sentimiento de apatía e inconformismo, aflorando cierta indiferencia, incluso desidia, y convirtiéndose en una gran falta de compromiso con la empresa y con las supuestas responsabilidades del puesto de trabajo. Estoy seguro que la falta de esta visión empresarial respecto a la gestión de personas ha sido una de las variables claves de hechos como la “gran dimisión”, acontecida durante los últimos meses en EEUU, cuando centenares de miles de millennials (población entre 30 y 45 años) abandonaron masivamente sus trabajos de forma totalmente voluntaria. Algo que está sucediendo también en España. El confinamiento nos dio tiempo para pensar y reflexionar, y en ese momento de restricciones e incertidumbre, mucha gente se replanteó sus objetivos laborales y vitales.

Precisamente por eso, pensando en nuestro crecimiento y felicidad, debemos hacer la introspección necesaria como para des-cubrir cuáles son nuestras fortalezas y talentos, poniendo el foco en su desarrollo a través de todas las experiencias posibles.

Según la conocida plataforma de empleo Indeed, podemos identificar tres tipos de fortalezas:

  1. Conocimientos o habilidades de carácter técnico: usar un software específico, hablar un idioma extranjero o ser un crack de las matemáticas.
  2. Las conocidas como soft skills, que sonaquellas habilidades más transversales, cómo por ejemplo, nuestras habilidades de comunicación, nuestra inteligencia emocional, nuestra capacidad de organización o nuestras destrezas en las ventas.
  3. Elementos de nuestra personalidad, elementos que nos hacen únicos y diferentes a cualquier otra persona. Son el resultado de nuestra historia personal, nuestra educación familiar, los viajes y culturas que hemos podido conocer, etc. Tiene que ver más con nuestras actitudes e ingenio, que con nuestras aptitudes o conocimientos.

Recuerda que los beneficios de usar proactivamente nuestras fortalezas son, al igual que nuestro potencial individual, infinitos. Entrar en el famoso estado de flow la mayor parte de nuestra jornada laboral debería ser nuestra prioridad. Mejoraría así nuestra satisfacción laboral y aumentaría nuestra productividad personal. Seriamos entonces más eficientes, complaciendo nuestro sentido de la curiosidad y saciándonos de experiencias suficientemente retadoras. Francisco Umbral decía que “el talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia”. Pues insistamos en encontrar o crear ese empleo en que nos sintamos plenos y trabajemos para que instituciones educativas y empresas pongan a estudiantes y trabajadores, y sus necesidades de desarrollo, en el centro de sus decisiones estratégicas.

Al fin y al cabo, y me encanta la frase del actor Jose María Rodero, “el talento no es un don celestial, sino el fruto del desarrollo sistemático de unas cualidades especiales”.

Valores: ¿cuáles son tus superpoderes?

Valores: ¿cuáles son tus superpoderes?

La analogía de valores y superpoderes es del conocido experto en marca personal Guillem Recolons. Tener poder es tener la capacidad de hacer algo, lo que sea, sin nada ni nadie que lo impida. Por esa razón los superpoderes son asociados a célebres personajes de ficción como Spiderman, Batman o Superman.

A efectos de liderazgo personal o de personal branding, los superpoderes adoptan una forma más humilde de expresión, los llevamos a lo terrenal y los definimos cómo VALORES. A la práctica, los valores son igual de importantes que poder volar, saltar entre edificios, moverse a velocidad ultrasónica con un batmóbil o disponer de una fuerza física sobrehumana.

Los valores son aquellos principios básicos sobre los que basamos nuestras decisiones y que acaban determinando nuestra conducta. Los valores son nuestras raíces y por lo tanto, no podemos cambiarlos de un día para otro. Estos, se han ido construyendo a lo largo de toda nuestra vida, a través de lo que hemos ido aprendiendo y experimentando. Nuestra educación, así como nuestro contexto social y cultural, suelen influir mucho en ellos.

Existen centenares de posts y artículos que definen cuáles son los más importantes, sin embargo, en mi opinión, no existe una lista correcta posible. En mis cursos, suelo hacer un pequeño ejercicio, mapeando los valores de cada una de las personas de clase, llegando siempre a la misma conclusión, y es que todos y cada uno de nosotros ordenamos y agrupamos los valores de forma diferente. Por eso mismo es necesario hacer algo de introspección e intentar definir lo mejor posible cuales son nuestros valores (superpoderes) y poder llegar a hacer una priorización de estos.

Los valores son aquellas premisas básicas, sobre los que fundamentas tus decisiones y debes saber que tomamos más de 35.000 decisiones diarias (el 99,75% de ellas inconscientes). Cuando les pregunto a mis alumnos si les importa el hambre en el mundo, el 100% de ellos responden que sí, algunos muy efusiva y firmemente. Luego, les pregunto cuántos de ellos han llevado algo de comida al banco de alimentos en los últimos meses y en ese momento raramente alguno de ellos alza la mano. Como puedes ver, nuestra conducta no es siempre tan consecuente con nuestros valores. Así, muchas de nuestras frustraciones y eventos dolorosos, ocurren cuando percibimos que nuestros valores no son compartidos con nuestro entorno más cercano, ya sean personas u organizaciones.

Te propongo pues hacer inventario de tus valores. Sin miedo y con la máxima honestidad contigo mismo, pues los valores son personales e intransferibles, y por lo tanto no hay respuestas correctas o incorrectas.  Lo suyo es ser capaz de definir cuáles son los 4 o 5 valores más importantes para ti. Hacer ese ejercicio desde la consciencia, permitirá definir cuáles son las bases de la persona que quieres ser. Luego, debes contrastar si realmente la mayoría de decisiones de tu día a día se fundamentan en esos valores. Pues descargarte un listado de valores en internet o escríbeme a hola@jmagusti.com y estaré encantado de hacerte llegar uno. Te recomiendo que empieces marcando una docena de ellos. Parece fácil pero no lo es, y deberás pensar mucho, descartar, escoger y priorizar. Algunos de los elegidos serán parecidos, así que te propongo que luego los agrupes en 4 o 5 grupos. Finalmente, define el valor más importante de cada agrupación, pues será el que dará nombre a la totalidad del grupo que creaste. Si no eres capaz de definir uno cómo el más importante, te recomiendo que intentes ponerle un nombre que le dé significado a ese grupo. Cualquier «título» que parta ti este bien, pues es algo absolutamente personal.

Definir tus valores te permitirá tomar mejores decisiones y vivir de acuerdo a aquello que realmente eres, estableciendo límites a los demás y mejorando así tu bienestar y felicidad. Definir tus valores te permitirá también velar por ti mismo y priorizar que o a quién quieres en tu vida, y qué o quién sobra., pues eso también pasa. Aprenderás a reconocerte, aceptarte y quererte cómo eres. Los valores te ayudarán a ser más coherente entre aquello que piensas, aquello que haces y aquello que sientes. En palabras de Roy E. Disney, “cuando tus valores son claros para ti, tomar decisiones se vuelve sencillo”.

Sé auténtico, sé tú mismo, abraza tus rarezas.

Optimismo tóxico: más consciencia y más compasión

Optimismo tóxico: más consciencia y más compasión

Después de unos días sin escribir, vuelvo a la carga. Entenderéis que uno no siempre tiene la claridad mental para crear, imaginar, aportar, sumar o todo aquello que tenga que ver con elaborar algo nuevo desde cero, con un mínimo de originalidad y autenticidad.

Crear, se hace desde la calma y la tranquilidad, cuando uno fluye y se siente motivado a ello. Y estos días, después de semanas de mucha intensidad, necesitaba un respiro. De esas obligaciones autoimpuestas, que tan dolor nos produce no cumplir, y de la positividad exhibida, esa que no es real si no postureo, quería hablaros hoy.

¿Os suena este concepto del optimismo tóxico o positividad tóxica? Es algo que creo que genera bastante sufrimiento innecesario, a pesar de las buenas intenciones tras de sí. Hablamos de aquellas tópicas frases de “tú puedes con todo”, “where is the limit” o “todo es posible si crees en ti mismo”. Entiendo que todas estas locuciones parten de la buena voluntad y pienso que está bien intentar mantener una actitud alegre y optimista frente al devenir de la vida, pero a veces la vida también trae momentos o eventos más bien negativos, que no pueden afrontarse con alegría desbordada o con motivación infinita. A veces, hay que parar y sentir. En esos momentos, suele ser necesaria la reparación, inclusive la tristeza, el repliegue y sobretodo, vivir las emociones desde la humildad y con total aceptación de nuestros sentimientos.

Estar de bajón es de ser humanos y como todas las personas tenemos días de todo. La vida es eso, una sensación de éxitos y alegrías, junto a accidentes, incidentes y eventualidades de todo tipo. Perder el trabajo, discutir con un amigo, tener un roce con la pareja o que pierda tu equipo de futbol favorito, no son momentos para ponerse a saltar de alegría. Autoliderarse pasa por aceptar esas emociones, gestionarlas siendo sinceros con nosotros mismo y afrontarlas con gran modestia y apertura a la experiencia.

Me gustan los mensajes positivos, los aforismos motivadores y por supuesto, creo que es necesario y excelente, intentar mantener una actitud optimista no matter what, pero creo que es de inteligentes ser realistas y mantener los pies en el suelo, sin autoengaños. Hay que permitirse tener un mal rato, incluso una mala racha, y siempre es tan bueno como necesario, mirar hacia dentro y ser compasivo con uno mismo.

Las emociones tienen un sentido y están allí por razones adaptativas, y justo por ello, es importante que las atengamos como se merecen.

Creo que las redes sociales han tenido gran impacto en esta cuestión, dificultando la gestión de emociones de uno mismo, especialmente en el caso de los adolescentes. En Instagram por ejemplo, todos solemos compartir nuestros grandes momentos: momentos de fiesta, felicidad, fantasía, viajes, ocio, celebraciones, alegría o placer. Y debemos recordar que eso no es real. No es bueno ni malo, simplemente debemos ser conscientes que eso no refleja la vida de esas personas. Hace un par de años, un grupo de jóvenes mexicanos (Eddie Silva, Valeria Rodriguez y el conocido youtuber Lord Hendrick), lo denunciaban mediante un creativo vídeo. Igualmente, las marcas y publicistas saben bien que somos mucho más vulnerables y promiscuos cuando nos encontramos en esos momentos de cierto decaimiento. Conozco en primera persona, a personas cercanas que no se permiten estar mal y que afrontan sus bajones con compras impulsivas o buscando placer y chutes de felicidad en cualquier frívolo refugio que les permita evadirse de sí mismos. Atajos para no parar, respirar y pensar el porqué de mis sentimientos.

Creo que la clave de todo está en la aceptación y en convertir esos momentos difíciles en aprendizajes. Los fracasos, obstáculos y problemas seguirán formando parte de nuestra vida. Aceptarlo, nos permite ampliar la mirada, coger aire, encontrar un poco de espacio, validar nuestras emociones y explorar los eventos que las han provocado desde una mentalidad más abierta/exploradora y una necesaria voluntad/actitud de crecimiento (growth mindset).

Como dejo escrito el gran Gerardo Schmedling, “aceptar permite liberarte de una gran parte del sufrimiento”. Ante eventos negativos, lo normal es estar triste y validar nuestras emociones, para proceder a su gestión/regulación.

Así pues, mi consejo es que te olvides de las sonrisas forzadas y que no hagas caso de mensajes poco realistas o de idealizados perfiles de Instagram. En esos momentos, pasa de la continua conversación interior del “debería”, “tendría que”, etc; y acepta que no todo es de color de rosa. Siente, aunque sea miedo o tristeza, pues sentir es estar vivo. Tómate tu tiempo e intenta descifrar esas emociones, primer paso para su gestión. Pide ayuda si la necesitas. Lidérate, para, como he dicho al principio, poder volver a crear, imaginar, aportar y sumar a los demás.