Después de unos días sin escribir, vuelvo a la carga. Entenderéis que uno no siempre tiene la claridad mental para crear, imaginar, aportar, sumar o todo aquello que tenga que ver con elaborar algo nuevo desde cero, con un mínimo de originalidad y autenticidad.
Crear, se hace desde la calma y la tranquilidad, cuando uno fluye y se siente motivado a ello. Y estos días, después de semanas de mucha intensidad, necesitaba un respiro. De esas obligaciones autoimpuestas, que tan dolor nos produce no cumplir, y de la positividad exhibida, esa que no es real si no postureo, quería hablaros hoy.
¿Os suena este concepto del optimismo tóxico o positividad tóxica? Es algo que creo que genera bastante sufrimiento innecesario, a pesar de las buenas intenciones tras de sí. Hablamos de aquellas tópicas frases de “tú puedes con todo”, “where is the limit” o “todo es posible si crees en ti mismo”. Entiendo que todas estas locuciones parten de la buena voluntad y pienso que está bien intentar mantener una actitud alegre y optimista frente al devenir de la vida, pero a veces la vida también trae momentos o eventos más bien negativos, que no pueden afrontarse con alegría desbordada o con motivación infinita. A veces, hay que parar y sentir. En esos momentos, suele ser necesaria la reparación, inclusive la tristeza, el repliegue y sobretodo, vivir las emociones desde la humildad y con total aceptación de nuestros sentimientos.
Estar de bajón es de ser humanos y como todas las personas tenemos días de todo. La vida es eso, una sensación de éxitos y alegrías, junto a accidentes, incidentes y eventualidades de todo tipo. Perder el trabajo, discutir con un amigo, tener un roce con la pareja o que pierda tu equipo de futbol favorito, no son momentos para ponerse a saltar de alegría. Autoliderarse pasa por aceptar esas emociones, gestionarlas siendo sinceros con nosotros mismo y afrontarlas con gran modestia y apertura a la experiencia.
Me gustan los mensajes positivos, los aforismos motivadores y por supuesto, creo que es necesario y excelente, intentar mantener una actitud optimista no matter what, pero creo que es de inteligentes ser realistas y mantener los pies en el suelo, sin autoengaños. Hay que permitirse tener un mal rato, incluso una mala racha, y siempre es tan bueno como necesario, mirar hacia dentro y ser compasivo con uno mismo.
Las emociones tienen un sentido y están allí por razones adaptativas, y justo por ello, es importante que las atengamos como se merecen.
Creo que las redes sociales han tenido gran impacto en esta cuestión, dificultando la gestión de emociones de uno mismo, especialmente en el caso de los adolescentes. En Instagram por ejemplo, todos solemos compartir nuestros grandes momentos: momentos de fiesta, felicidad, fantasía, viajes, ocio, celebraciones, alegría o placer. Y debemos recordar que eso no es real. No es bueno ni malo, simplemente debemos ser conscientes que eso no refleja la vida de esas personas. Hace un par de años, un grupo de jóvenes mexicanos (Eddie Silva, Valeria Rodriguez y el conocido youtuber Lord Hendrick), lo denunciaban mediante un creativo vídeo. Igualmente, las marcas y publicistas saben bien que somos mucho más vulnerables y promiscuos cuando nos encontramos en esos momentos de cierto decaimiento. Conozco en primera persona, a personas cercanas que no se permiten estar mal y que afrontan sus bajones con compras impulsivas o buscando placer y chutes de felicidad en cualquier frívolo refugio que les permita evadirse de sí mismos. Atajos para no parar, respirar y pensar el porqué de mis sentimientos.
Creo que la clave de todo está en la aceptación y en convertir esos momentos difíciles en aprendizajes. Los fracasos, obstáculos y problemas seguirán formando parte de nuestra vida. Aceptarlo, nos permite ampliar la mirada, coger aire, encontrar un poco de espacio, validar nuestras emociones y explorar los eventos que las han provocado desde una mentalidad más abierta/exploradora y una necesaria voluntad/actitud de crecimiento (growth mindset).
Como dejo escrito el gran Gerardo Schmedling, “aceptar permite liberarte de una gran parte del sufrimiento”. Ante eventos negativos, lo normal es estar triste y validar nuestras emociones, para proceder a su gestión/regulación.
Así pues, mi consejo es que te olvides de las sonrisas forzadas y que no hagas caso de mensajes poco realistas o de idealizados perfiles de Instagram. En esos momentos, pasa de la continua conversación interior del “debería”, “tendría que”, etc; y acepta que no todo es de color de rosa. Siente, aunque sea miedo o tristeza, pues sentir es estar vivo. Tómate tu tiempo e intenta descifrar esas emociones, primer paso para su gestión. Pide ayuda si la necesitas. Lidérate, para, como he dicho al principio, poder volver a crear, imaginar, aportar y sumar a los demás.