por Jmagustí | Oct 7, 2023 | Uncategorized
Cabe decir que en liderazgo es en sí mismo un concepto multifacético y bastante complejo de definir. Haciendo una rápida búsqueda en Google podemos ver que existen multitud de definiciones de liderazgo. En palabras de Xavi Roca, uno de mis profesores cuando cursé Administración y Dirección de Empresas, el liderazgo es un concepto elusivo. Es decir, algo esquivo, de difícil determinación e incluye muchos matices. Sin embargo, hay un elemento en el que académicos, autores y estudiosos del tema parecen están bastante de acuerdo, el concepto de liderazgo supone la existencia de algún tipo de relación o relaciones de influencia.
El liderazgo además, es un concepto muy mitificado y es importante explicar que nada tiene que ver con otros conceptos con el que a menudo se le asocian, como pueden ser la autoridad, el status, la posición organizacional, social o política, ni tampoco va ligado a los títulos que uno posee, etc. Entonces y a partir de esta definición, en mi opinión es difícil hablar de líderes como tal, sino deberíamos hablar de personas que, en una situación episódica (espacio-tiempo específico) “ejercen” liderazgo, aún si dicha situación se alarga en el tiempo. Por decirlo de alguna manera, el liderazgo tiene mucho más que ver con cómo estamos y no tanto en cómo somos.
Esta idea nos conduce directamente a la teoría desarrollada por Richard Boyatzis, catedrático de Comportamiento Organizacional en la Universidad Case Western Reserve (USA) y uno de los principales investigadores en el tema. La influencia “ejercida” a través de lo que el autor llama “liderazgo efectivo”, tiene siempre un gran concepto emocional, es decir, dicha influencia nunca es coercitiva, ni fruto de la autoridad o la amenaza, y tampoco procede de elementos racionales, por muy buenos que sean los argumentos. La influencia del liderazgo efectivo es ejercida mediante la gestión de las emociones y la inspiración de sentimientos. Es fruto de la persuasión emocional.
Así, el desarrollo del liderazgo pasará necesariamente por 1) Desarrollar mi propia consciencia y autoconocimiento y 2) Aprender a gestionar y autorregular mis propias emociones y sentimientos, para así situarme en posición de poder “ejercer” el liderazgo. Bien mirado, esta es una buena definición de auto-liderazgo. Poner el foco en el desarrollo introspectivo resulta indispensable para a su vez, desarrollar el propio liderazgo interno. En palabras de Stephen Covey, “no se puede tener éxito con otras personas mientras no se pague el precio del éxito con uno mismo. Y ahí es donde radica el éxito de un líder: en el descubrimiento de su líder interior; de aquello que le moviliza, sus valores, sus creencias…, aquello que le lleva a pasar a la acción.”
Si hablamos de liderar hacía fuera, será imprescindible mejorar mi conciencia perceptiva, es decir, 3) Aprender a captar el estado emocional de las personas de mi entorno, y 4) Mejorar las habilidades sociales para inspirar cambios en los demás.
En realidad, los 4 puntos anteriores forman la descripción teórica de la conocida Inteligencia Emocional, popularizada por el psicólogo, periodista y escritor Daniel Goleman. Si bien, para ser llevada a la práctica, necesitamos un último componente: 5) la Reflexión. Solo así, dándole utilidad práctica, convertimos la Inteligencia Emocional en Liderazgo Efectivo. Autores americanos han convenido en usar la palabra mindfulness para describir dicho proceso reflexivo, el cual definen como un profundo desarrollo de la conciencia.
En el momento social y laboral actual, en el que la precarización, la inestabilidad y los cambios radicales se precipitan con importante impacto en el campo personal, es mucho más difícil mantener el “estar”. Los cambios han devenido una constante amenaza personal y en consecuencia, a mi humilde entender, el desarrollo del (auto) liderazgo y de la autoconfianza ha dejado de ser un deseo ligado a la prosperidad y el crecimiento personal. El desarrollo del liderazgo se ha convertido en una necesidad casi vital para mantener nuestra salud emocional. Como escribía en uno de sus últimos artículos Francisco Alcaide, uno de mis autores favoritos, “No busques seguridad, aumenta la confianza en ti mismo” y tiene razón, básicamente porque la seguridad, hoy más que nunca es una utopía.
por Jmagustí | Oct 30, 2022 | JM Agustí
En la vida todo es cuestión de saber vender, ya sea ofreciendo formalmente un producto o servicio, o vendiéndote a ti o a tus ideas. Se trate de encontrar pareja, buscar trabajo, negociar un aumento de sueldo o convencer a tu suegra de que eres su mejor opción, saber vender(te) es una habilidad imprescindible para el éxito, tanto profesional como personal.
Desenvolverse bien en el mundo de las ventas es una de las mejores escuelas de la vida. Hoy en día, sabemos que a vender se aprende y que no solo se trata de tener carisma y de ser extrovertido. Todo el mundo puede aprender a vender y una de las claves pasa por aprender a aplicar la neurociencia al mundo de las ventas (neuro-ventas). Todo es cuestión de técnica y de tener siempre claro, que vender es aportar valor a los demás. Me encanta la frase de Zig Ziglar, cuando dice “deja de vender y empieza a ayudar” o la de Francisco Alcaide que lo expresa así: “vender no es vender, vender es solucionar problemas”, y tienen toda la razón. Las empresas se crean para aportar valor y eso significa ayudar al mundo de alguna manera.
La neurociencia nos ha enseñado que en realidad las personas no somos muy racionales y que casi todo es cuestión de emociones y sentimientos. Por eso es imprescindible aplicar la inteligencia emocional al proceso de venta y mantener siempre la vocación de servir. Si sirves y mejoras la vida de alguien (principio de utilidad), tú o tus productos serán más deseados. Dice Seth Godin que “el marketing es todo psicología”, así que uno de nuestros objetivos debe ser el de controlar aquellos factores que afectan a la mente subconsciente y conseguir entender muy bien cómo funciona el proceso de toma de decisiones de las personas.
Además de las emociones, será crucial aprender a capar la atención. Con la digitalización, las notificaciones, las interacciones y por ende, las distracciones se han multiplicado. Actualmente, los medios de masas como la radio y la televisión han dejado de ser eficientes herramientas de marketing. La atención del cliente se ha convertido en una variable muy cara y lo mismo pasa con su memoria. Si bien nuestro objetivo es dejar en la mente de nuestros clientes un recuerdo positivo y que se acuerde de nosotros el mayor tiempo posible (y para ello su atención y su memoria son imprescindibles), la infoxicación de la sociedad actual hace que debamos redoblar nuestro empeño para que eso ocurra.
Llegados a este punto, los estudios dicen que nuestros esfuerzos deben ir dirigidos a despertar el deseo más puro de nuestro interlocutor, incrementar sus emociones positivas y poner el foco en las necesidades más inconscientes de nuestro cliente. Eso pasa por dejar de enumerar como cotorras las características de nuestros productos y dedicarnos más a escuchar activamente a nuestros clientes. Más que de vender, se trata de ayudar a comprar. Como dice Siva Divaki, “vender ya no es vender, vender es construir confianza y educar”.
por Jmagustí | Sep 21, 2022 | JM Agustí
Ojalá hubiéramos tenido todo este conocimiento cuando con tanta buena voluntad, nuestros padres y profesores nos ponían deberes extra y nos apuntaban a repasos para mejorar en aquellas asignaturas que se nos daban peor. Desgraciadamente, algunos profesores, y también muchos de nuestros empresarios continúan haciéndolo, siguen poniendo sus esfuerzos en mejorar las debilidades de nuestros alumnos y empleados, con el objetivo de que consigan el nivel mínimo necesario, aún, si ese conocimiento o habilidad en cuestión, no es imprescindible para conseguir sus metas académicas o empresariales.
El foco pues, debería estar puesto en potenciar al máximo las fortalezas y talentos de aquellos a quienes educamos, y de las personas con las que trabajamos o colaboramos. Así lo manifiestan múltiples estudios de rendimiento académico y productividad empresarial. Según Gallup, la consultora estadounidense de liderazgo y RRHH, focalizarse en desarrollar las fortalezas de nuestros empleados aporta grandes beneficios para empleadores y empleados. Los estudios ponen de manifiesto incrementos de entre el 7% y el 23% en el compromiso de los trabajadores (una variable clave en cuestiones de rendimiento), entre un 8% y un 18% de aumento de la productividad empresarial, y ni más ni menos que entre un 20% y un 73% de reducción de los conflictos laborales.
Sin duda, el desuso continuado de nuestros talentos y fortalezas, conduce a un sentimiento de apatía e inconformismo, aflorando cierta indiferencia, incluso desidia, y convirtiéndose en una gran falta de compromiso con la empresa y con las supuestas responsabilidades del puesto de trabajo. Estoy seguro que la falta de esta visión empresarial respecto a la gestión de personas ha sido una de las variables claves de hechos como la “gran dimisión”, acontecida durante los últimos meses en EEUU, cuando centenares de miles de millennials (población entre 30 y 45 años) abandonaron masivamente sus trabajos de forma totalmente voluntaria. Algo que está sucediendo también en España. El confinamiento nos dio tiempo para pensar y reflexionar, y en ese momento de restricciones e incertidumbre, mucha gente se replanteó sus objetivos laborales y vitales.
Precisamente por eso, pensando en nuestro crecimiento y felicidad, debemos hacer la introspección necesaria como para des-cubrir cuáles son nuestras fortalezas y talentos, poniendo el foco en su desarrollo a través de todas las experiencias posibles.
Según la conocida plataforma de empleo Indeed, podemos identificar tres tipos de fortalezas:
- Conocimientos o habilidades de carácter técnico: usar un software específico, hablar un idioma extranjero o ser un crack de las matemáticas.
- Las conocidas como soft skills, que sonaquellas habilidades más transversales, cómo por ejemplo, nuestras habilidades de comunicación, nuestra inteligencia emocional, nuestra capacidad de organización o nuestras destrezas en las ventas.
- Elementos de nuestra personalidad, elementos que nos hacen únicos y diferentes a cualquier otra persona. Son el resultado de nuestra historia personal, nuestra educación familiar, los viajes y culturas que hemos podido conocer, etc. Tiene que ver más con nuestras actitudes e ingenio, que con nuestras aptitudes o conocimientos.
Recuerda que los beneficios de usar proactivamente nuestras fortalezas son, al igual que nuestro potencial individual, infinitos. Entrar en el famoso estado de flow la mayor parte de nuestra jornada laboral debería ser nuestra prioridad. Mejoraría así nuestra satisfacción laboral y aumentaría nuestra productividad personal. Seriamos entonces más eficientes, complaciendo nuestro sentido de la curiosidad y saciándonos de experiencias suficientemente retadoras. Francisco Umbral decía que “el talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia”. Pues insistamos en encontrar o crear ese empleo en que nos sintamos plenos y trabajemos para que instituciones educativas y empresas pongan a estudiantes y trabajadores, y sus necesidades de desarrollo, en el centro de sus decisiones estratégicas.
Al fin y al cabo, y me encanta la frase del actor Jose María Rodero, “el talento no es un don celestial, sino el fruto del desarrollo sistemático de unas cualidades especiales”.
por Jmagustí | Ago 14, 2022 | JM Agustí
La analogía de valores y superpoderes es del conocido experto en marca personal Guillem Recolons. Tener poder es tener la capacidad de hacer algo, lo que sea, sin nada ni nadie que lo impida. Por esa razón los superpoderes son asociados a célebres personajes de ficción como Spiderman, Batman o Superman.
A efectos de liderazgo personal o de personal branding, los superpoderes adoptan una forma más humilde de expresión, los llevamos a lo terrenal y los definimos cómo VALORES. A la práctica, los valores son igual de importantes que poder volar, saltar entre edificios, moverse a velocidad ultrasónica con un batmóbil o disponer de una fuerza física sobrehumana.
Los valores son aquellos principios básicos sobre los que basamos nuestras decisiones y que acaban determinando nuestra conducta. Los valores son nuestras raíces y por lo tanto, no podemos cambiarlos de un día para otro. Estos, se han ido construyendo a lo largo de toda nuestra vida, a través de lo que hemos ido aprendiendo y experimentando. Nuestra educación, así como nuestro contexto social y cultural, suelen influir mucho en ellos.
Existen centenares de posts y artículos que definen cuáles son los más importantes, sin embargo, en mi opinión, no existe una lista correcta posible. En mis cursos, suelo hacer un pequeño ejercicio, mapeando los valores de cada una de las personas de clase, llegando siempre a la misma conclusión, y es que todos y cada uno de nosotros ordenamos y agrupamos los valores de forma diferente. Por eso mismo es necesario hacer algo de introspección e intentar definir lo mejor posible cuales son nuestros valores (superpoderes) y poder llegar a hacer una priorización de estos.
Los valores son aquellas premisas básicas, sobre los que fundamentas tus decisiones y debes saber que tomamos más de 35.000 decisiones diarias (el 99,75% de ellas inconscientes). Cuando les pregunto a mis alumnos si les importa el hambre en el mundo, el 100% de ellos responden que sí, algunos muy efusiva y firmemente. Luego, les pregunto cuántos de ellos han llevado algo de comida al banco de alimentos en los últimos meses y en ese momento raramente alguno de ellos alza la mano. Como puedes ver, nuestra conducta no es siempre tan consecuente con nuestros valores. Así, muchas de nuestras frustraciones y eventos dolorosos, ocurren cuando percibimos que nuestros valores no son compartidos con nuestro entorno más cercano, ya sean personas u organizaciones.
Te propongo pues hacer inventario de tus valores. Sin miedo y con la máxima honestidad contigo mismo, pues los valores son personales e intransferibles, y por lo tanto no hay respuestas correctas o incorrectas. Lo suyo es ser capaz de definir cuáles son los 4 o 5 valores más importantes para ti. Hacer ese ejercicio desde la consciencia, permitirá definir cuáles son las bases de la persona que quieres ser. Luego, debes contrastar si realmente la mayoría de decisiones de tu día a día se fundamentan en esos valores. Pues descargarte un listado de valores en internet o escríbeme a hola@jmagusti.com y estaré encantado de hacerte llegar uno. Te recomiendo que empieces marcando una docena de ellos. Parece fácil pero no lo es, y deberás pensar mucho, descartar, escoger y priorizar. Algunos de los elegidos serán parecidos, así que te propongo que luego los agrupes en 4 o 5 grupos. Finalmente, define el valor más importante de cada agrupación, pues será el que dará nombre a la totalidad del grupo que creaste. Si no eres capaz de definir uno cómo el más importante, te recomiendo que intentes ponerle un nombre que le dé significado a ese grupo. Cualquier «título» que parta ti este bien, pues es algo absolutamente personal.
Definir tus valores te permitirá tomar mejores decisiones y vivir de acuerdo a aquello que realmente eres, estableciendo límites a los demás y mejorando así tu bienestar y felicidad. Definir tus valores te permitirá también velar por ti mismo y priorizar que o a quién quieres en tu vida, y qué o quién sobra., pues eso también pasa. Aprenderás a reconocerte, aceptarte y quererte cómo eres. Los valores te ayudarán a ser más coherente entre aquello que piensas, aquello que haces y aquello que sientes. En palabras de Roy E. Disney, “cuando tus valores son claros para ti, tomar decisiones se vuelve sencillo”.
Sé auténtico, sé tú mismo, abraza tus rarezas.
por Jmagustí | Mar 26, 2022 | JM Agustí
¿Alguna vez te has preguntado si sientes pasión por tu trabajo?
Según los datos de WorkMeter, pasamos una media de 9 horas y 19 minutos al día en nuestro lugar de trabajo, es decir, más de un tercio de nuestro tiempo vital. Asimismo, el dato verdaderamente impactante es que el 80% de las personas se sienten insatisfechas con su trabajo. Es evidente el impacto que esto puede llegar a tener sobre nuestro bienestar y, consecuentemente, sobre nuestra salud física y mental.
En mi opinión, conseguir el máximo bienestar personal depende en gran parte de sentir pasión por aquello a lo que nos dedicamos. Poder dedicarnos a aquello que nos apasiona, nos llena y nos conduce al llamado estado de flow (flujo). El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi definió este concepto cómo un estado de concentración completa en aquella actividad o situación en la que uno se encuentra. En otras palabras, un estado en el que estás tan inmerso y comprometido con la actividad que estás realizando, cuando el tiempo vuela y el ego (nuestra vocecita) desaparece.
Trabajar apasionadamente implica afrontar nuestras responsabilidades laborales con ganas y sin excusas. Es llevar a cabo las tareas que nos corresponden con compromiso y entusiasmo. Es sentirse pleno y realizado. Tener ganas de crecer y aprender. Los apasionados saltan de la cama para ir a trabajar, se sienten vivos y energéticos. Suelen conseguir buenas remuneraciones y mejores posiciones y proyectos, y permaneciendo en sus empresas por más tiempo. Se les pasa la jornada más rápida y constantemente están pensando en cómo pueden mejorar, ser más, hacer más y contribuir más.
Y tú, ¿Te sientes apasionado por tu trabajo? O, por el contrario… ¿te sientes cansado, desmotivado y no sabes cómo recuperar las de ganas de ir a trabajar?
Sentir pasión por nuestro trabajo debería convertirse en uno de nuestros objetivos vitales. En este sentido, quiere compartir 10 consejos que pueden ayudarte a sentir pasión por tu trabajo.
- Entrena tu mente
Dónde pones el foco pones la fuerza. Como dice el refrán popular, en todos lados se cuecen habas, así que aceptemos que la felicidad laboral plena, es en realidad una utopía. No existe la perfección total. Todas las posiciones tienen elementos positivos y negativos, y solo tú puedes aumentar tu nivel de consciencia para poner el foco en lo que más te llena de tu trabajo.
2. Enlaza tu trabajo con tus objetivos personales
Tener un trabajo que nos permita acercarnos a nuestros objetivos personales, nos puede ayudar muchísimo a sentir engagementcon el trabajo que realizo. Estoy hablando de “practicidad”. Tal vez estas en un momento vital en que deseas priorizar la familia y la vida social, y lo que quieres es mayor flexibilidad y no necesariamente más dinero. O, por ejemplo, estas en una etapa de formación y deseas priorizar tu carrera profesional en una empresa muy reconocida por sus planes de carrera. En definitiva, se trata de valorar si tu proyecto profesional suma a un porqué personal aún mayor y si hay alineación con ese propósito.
3. Conecta con tu equipo
El entorno (laboral) suele tener un gran impacto en nuestro ser. Es importante pues que ese entorno sea proclive a tu desarrollo y bienestar. En palabras de Jim Rohn, “eres el promedio de las 5 personas que te rodean”. En ese sentido, es también es importante trabajar lo formal y lo informal, intentando crear un buen ambiente de trabajo. Conocer a tus compañeros, sus pasiones, sus preocupaciones, empatizar con ellos, acompañarlos, etc. En medida de lo posible, pasar de ser un grupo a un equipo, con objetivos comunes para que el entusiasmo se contagie.
4. Dedícate a las tareas que más te gustan
En todos los trabajos hay una parte que nos encanta y otra que preferiríamos no realizar. Intenta delegar, si es posible, esa parte que menos te guste y pasar más tiempo haciendo aquello que te apasiona. A mí no me gusta la burocracia, así que, aunque yo podría responsabilizarme de algunas gestiones, normalmente prefiero que sea mi gestor quién se encarga de prácticamente todo. Si es su actividad principal, probablemente el gestor lo hará mejor y con mayor entusiasmo. Hoy disponemos de asesores, consultores y proveedores de servicios para prácticamente todo, sin excepción. Subcontrata.
5. Sal de tu zona de confort
En lo personal, como en las empresas, o estas creciendo o estás muriendo. Para sentirse conectado y apasionado es necesario estar progresando personal y profesionalmente. Atrévete a salir de tu zona de confort. En mi último trabajo, me sentía estancado y aburrido, y fue un gran error no haber hecho un cambio antes. Para algunos el aprendizaje constante y el crecimiento personal son cuestiones innegociables. Plantéate si es tu caso.
Y para no alargarme mucho, acabo este artículo en el próximo post. ¡Sígueme en redes y no te lo pierdas!