Puedo porque pienso que puedo

Puedo porque pienso que puedo

Hace unos días estuve viendo el documental de Netflix sobre Carolina Marín, campeona del mundo de bádminton. Cuatro episodios de 20’ que te recomiendo muchísimo y que no deberías perderte.

Viendo el documental me percate una vez más, de que a menudo, cómo sociedad, estamos muy equivocados en la conceptualización del ÉXITO. Muy habitualmente lo valoramos como resultado de una correlación absoluta con grandes dotes de inteligencia o con talentos y habilidades innatas. Esta idea, aunque muy extendida, es totalmente falsa. La inteligencia o el talento innato, por si solos, no son prácticamente garantía de nada. Sin sacrificio, esfuerzo continuado y un entorno propicio que ofrezca las necesarias oportunidades para explotar dichas cualidades, el éxito será la excepción, no la norma.

Asiduamente se da por sentado que un alto coeficiente intelectual o una destreza innata garantizan un futuro prometedor. La realidad es que, aun siendo incuestionable que debe existir una buena base y un cierto nivel de talento y competencia, lo que de verdad diferencia a los primeros percentiles (a los mejores) de la media, es el trabajo, la práctica, la PERSEVERANCIA y el empeño puesto en desarrollar dichas destrezas congénitas.

Malcom Gladwell en su libro Outliers, afirma de forma muy bien documentada que el talento innato, sin práctica tenaz, nunca devendrá en expertise. Es decir, de entre los mejor dotados, los más destacados y los de mayor éxito, no serán los más inteligentes o habilidosos, si no los más currantes.

La investigación de Gladwell nos deja además un número “mágico”, pues nos habla de las 10.000 horas de entrenamiento, ensayo o instrucción. Cita ejemplos como el de Mozart, quién empezó a los 10 años a componer y consiguió su primera obra maestra después de algo más de 10 años de ensayo, cuando tenía 21. O el conocido caso de los Beatles, quienes actuaron durante más de 7 años en los suburbios de Hamburgo, tocando 8 horas al día, 7 días a la semana.

Después de visualizar el documental de esta gran campeona, uno advierte del esfuerzo y duro trabajo que conlleva llegar a la cima, y lo tremendamente difícil que es, además, mantenerse en ella. La historia de Carolina es una historia de SUPERACIÓN, en lo deportivo (cuando sufre una grave lesión de rodilla) y especialmente en lo personal (cuando sigue adelante, sin perder su motivación por ganar) cuando ella y su familia pasan por uno de los momentos más duros de su vida.

No voy a decirte más porque quiero que lo veas por ti mismo. Te avanzo solo que Carolina contamina con su fuerza y nos enseña sobre la importancia de creer en uno mismo. Nos recuerda la relevancia de los pequeños detalles, el poder de los hábitos y el valor del ESFUERZO y el SACRIFICIO. Carolina es el ejemplo de la gran RESILIENCIA que reside dentro de cualquier persona que se cree a sí misma. Así mismo lo dice ella: “puedo, porque pienso que puedo”.

Por último, otro gran aprendizaje de la miniserie es el papel trascendental que juegan cada uno de los miembros en un equipo de alto rendimiento. Aunque solo sea Carolina la que suba a lo más alto del podio, quién gana los partidos, quién suda y sufre dentro de la pista, hay todo un EQUIPO socorriéndola en la consecución de sus objetivos y que sufre (y suda) fuera de ella. El reportaje pone de relieve la importancia de cada uno de sus respectivos compañeros. Su riguroso, exigente y severo entrenador. Su preparador físico y su fisioterapeuta, quienes ayudan a la deportista a prepararse y recuperarse físicamente, así como su psicóloga deportiva, quién la apoya en la gestión de sus emociones, le ayuda a mantener el FOCO y la asiste en el control de sus pensamientos en los momentos más complicados. El equipo y cada uno de sus integrantes, es a la práctica, tan importante como la propia Carolina. Cada uno de los miembros aporta su sabiduría para que la atleta consiga la merecida medalla. Un trocito de ese valioso metal, le corresponde también a cada uno de ellos.

Como os decía, además de estimularos a ver el documental, quería reflexionar hoy sobre la ampliamente extendida sobre valoración de la inteligencia y las habilidades innatas. Como he mencionado antes, el saber y la teoría deben estar ahí, pero como dice Francisco Alcaide, la clave está en “saber hacer”, poner el conocimiento en acción y pasar de la teoría a la práctica. Y entonces, entrenar, entrenar y entrenar hasta conseguir el llamado «conocimiento consciente», la última etapa de cualquier cambio. El “puedo, porque pienso que puedo” del que nos habla Carolina. Recuerdo también la frase de Woody Allen: «me ha llevado10 años tener éxito del día a la mañana». El sacrificio y el esfuerzo mantenido son sin lugar a dudas lo más difícil de la ecuación y precisamente por esa razón, ese esfuerzo es seguramente el elemento que acaba marcando la diferencia.

¿Qué es el Wu Wei?

¿Qué es el Wu Wei?

Ayer estuve visionando el emotivo documental de Pau Donés, entrevistado por el gran Jordi Évole. Un reportaje excelente y sensible, muy humano. Una entrevista que, inevitablemente, conducirá a muchos a la introspección. Entre las muchas frases impactantes de Pau, hay una que me llamó especialmente la atención, puesto que llevaba unos días reflexionando sobre el tema. “Las cosas pasan a su debido tiempo” decía Pau en una de sus reflexiones con Évole. Creo que es una frase que puede caer bastante fácilmente en la vanidad, si no fuera un crack como Pau, en medio de su conocida situación y ante una gran audiencia, quién la verbaliza. Pau hace esta reflexión, después de años de enfermedad y estando desgraciadamente, muy cerca del final de su vida. Es una frase mucho más potente de lo que parece. En realidad, esta frase un tanto simple, resume a la perfección el Wu Wei, una corriente de la filosofía Taoísta que propone un cambio drástico en la manera de entender el mundo y afrontar la vida.

El Wu Wei es un concepto bastante complejo, no siempre fácil de comprender pues contradice plenamente los fundamentos de la sociedad occidental actual. A menudo, en nuestro día a día, nos vemos abocados a la hiperacción, el cortoplacismo, obligaciones constantes, deberes y objetivos de todo tipo, siempre ineludibles y de imperioso cumplimiento. Muy a menudo, el no llegar dónde nos habíamos planteado llegar o el no conseguir lo que inicialmente nos habíamos propuesto conseguir, es fuente de frustraciones, ansiedad, preocupaciones, sensación de intranquilidad y muy a menudo, sentimientos de culpabilidad. A pesar de todos los avances conseguidos respecto a generaciones anteriores, o tal vez, a causa de ellos, nuestras agendas están atestadas de reuniones, actividades y compromisos inexcusables, a la vez que nuestras mentes trabajan sin descanso, continuamente ocupadas o conectadas a teléfonos y pantallas. Una continua hemorragia energética y un estado emocional permanentemente al borde del abismo.

El Wu Wei viene a contradecir esta forma de entender la vida del hacer, hacer y hacer. De alguna manera, esta corriente filosófica, nos aporta otra visión: la de la “no-acción”. Algo así como el “go with the Flow”. Se trata de dejar fluir o, dicho de otra manera, dejar de luchar. No se trata de resignarse, ni mucho menos de rendirse. Se trata de dejar que la mente fluya libremente a través de la inacción y de buscar momentos para rebajar la hiperestimulación a la que están sometidos continuamente nuestros sentidos.

Hace ya un tiempo realice el programa de mindfulness MBSR, un programa de meditación budista creado por el Dr. Kabat-Zinn de la Universidad de Massachussets, diseñado a tratar patologías dónde el estrés es un factor determinante. Mis primeras relaciones con la meditación no fueron como esperaba. Conseguir la mente en blanco devenía una obsesión y no hacer nada era un esfuerzo, así que terminaba haciendo algo, esforzándome. Hasta que la práctica no fue más habitual y yo dejé de juzgarla, no conseguí sacarle partido a esta herramienta tan potente.

El Wu Wei es un estado similar al definido por Mihaly Csikszentmihalyi en su teoría de “la zona de flujo”. El flujo sería aquello que experimenta una persona cuando dicho individuo está completamente inmerso en la actividad que esta realizando. Un estado de total implicación en la tarea ejecutada. Ese estado mental, a su vez, produce bienestar y plenitud a unos niveles que hacen perder la noción del tiempo y de uno mismo. Las experiencias Wu Wei pueden llegar a ser pues muy positivas. Se trata de “dejar de desear el control absoluto” de la situación y aprender a surfearla en nuestro favor. Sería como el aikido, una corriente entre las artes marciales japonesas en la que el oponente es derrotado con su propia fuerza. 

Otra frase menos filosófica pero igual de conocida que lo ejemplifica, es “si te dan limones, haz limonada” o mi versión favorita, “si te dan limones, pide sal y tequila”. Básicamente, se trata de aprovechar y aprender de todo lo que te da la vida, aún y cuando no es esperado, aún y cuando no es positivo. Aceptar que de alguna manera, todo enseña.

El Wu Wei no es rendición, ni promueve la inactividad. No se trata de dejadez o pasividad. No habla de quedarse tumbado al borde del río, si no de NO nadar contra corriente. Vivir de forma espontánea, con sencillez y naturalidad, sin esforzarse en forzarlo todo. Se trata de aprovechar las circunstancias en nuestro favor y que nuestras metas y ambiciones no se conviertan en una fuente de ansiedad y desasosiego.

El Wu Wei en definitiva, no deja de ser un estado mental. Es un estado de calma y tranquilidad en que cada uno cree en sus capacidades y en el propio flujo de la vida. Significa mantener la serenidad en los momentos complicados y difíciles, sabiendo que antes o después, saldrá el sol. Algo así, como aquel proverbio chino, que dice: “Si tiene solución, por qué te preocupas. Si no tiene solución, por qué te preocupas”.